El reciclaje en la Segunda Guerra Mundial
Y es que durante la Segunda Guerra Mundial uno de los objetivos más importantes de la administración Roosevelt fue preparar a la población estadounidense para un duro y largo esfuerzo bélico. El servicio militar acabó afectando a unos quince millones de hombres y mujeres, y a los que estaban en el llamado frente interno se les alentaba a aportar su granito de arena por medio de anuncios, historias en revistas, películas y programas de radio. Incluso estrellas de cine como Ronald Reagan, Robert Taylor o Clark Gable, que habían sido llamados a filas, trabajaron en Hollywood en varios proyectos, en los que el soldado americano se mostraba siempre como una figura heroica, entregado a la lucha por la libertad y los valores estadounidenses.
Uno de los muchos puestos de recogida de material metálicoUno de los campos en que el gobierno motivaba a la población para que ayudase a sus héroes era el de ahorrar y reciclar material. Se les decía que si donaban una pala, con ella se podrían fabricar granadas de mano o piezas de un tanque; con los tubos de pintalabios se podían hacer cartuchos de bala, y hasta el papel de aluminio de los chicles podía valer para la construcción de aviones. Y así fue, muchos americanos colaboraron en su deber patriótico y numerosas donaciones de cacerolas, sartenes y otros objetos cotidianos de aluminio se reciclaron para convertirse en cazas y bombarderos. En tiempos de guerra el aluminio era un metal escaso y la práctica totalidad del disponible se remitía a la industria bélica de la aviación, pero cualquier metal era bien recibido.
El gobierno también se introdujo en el negocio de la moda dictando estilos que permitían ahorrar metal y tejidos para la guerra. Se dejaron de llevar los trajes masculinos de tres piezas, las faldas se hicieron más cortas y estrechas y se presentó el escandaloso bañador de dos piezas. Era el nuevo estilo, el llamado "chic patriótico".

















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