Pocas personas tienen la suerte de poder nadar junto a un ejemplar de ballena franca. El fotógrafo Brian Skerry es una de esas personas. Junto con su equipo (el buzo que se ve en la foto es su ayudante Mauricio Handler) viajó hasta Nueva Zelanda para obtener fotos tan espectaculares como esta. Tan sólo quedan unos pocos centenares de estos gigantes en el Atlántico Norte, sin embargo su número no para de crecer en las aguas del Pacífico Sur. Foto nationalgeographic. Vía Darkroastedblend.
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Max Birrax
26 de septiembre de 2008 21:48
Ufff... yo no sé si me atrevería, veo muchas posibilidades de terminar como Jonás.
Mal bicho
26 de septiembre de 2008 23:07
No se si la suerte o los huevos, porque yo no me meto ahi ni harto de vino!!!
David
27 de septiembre de 2008 12:39
Ja, ja. Bueno en la entrevista que le hicieron en el national geographic dice que la ballena era sumamente dócil, que parecía un perro. Eso sí, del tamaño de un autobús.
Josete
28 de septiembre de 2008 1:36
Aunque sea docil, ni por todo el oro del mundo me meto ahí. Además da la sensación que esté en un estanque, ni un solo pez alrededor.